¿Dónde termina el modelo y empieza la vida? Los dilemas éticos de los mini-órganos
Aunque a lo largo de todas las entradas anteriores hayamos hablado de los posibles dilemas éticos que acarrean los organoides, embrioides, y todas estas tecnologías, hemos decidido dedicar una entrada para hablar de ello en más profundidad.
Como ya hemos ido contando, los
organoides, asembloides y embrioides se han presentado como posibles herramientas que podrán sustituir a los
animales de laboratorio en un futuro. Sin embargo, a medida que estos sistemas
se vuelven más complejos, comienza a surgir la preocupación acerca de la
frontera entre “modelo experimental” y “organismo vivo’’. Y el famoso dilema
ético: ¿hasta qué punto podemos reproducir la vida sin crearla? ¿A partir de
cuándo se decide que un conjunto de células adquiere valor moral propio?
Hablaremos de estos dilemas y de
otros que han ido surgiendo a medida que se ha ido avanzando en estas
tecnologías.
El dilema central: ¿modelo u
organismo?
La frontera entre un modelo
biológico y un organismo se está volviendo cada vez más difusa. Los organoides han
llegado a producir respuestas a estímulos e incluso, en el caso de los
cerebrales, poseen actividad eléctrica compleja. Esto nos hace plantearnos:
¿seguimos hablando de modelos de
estudio o de entidades con algún grado de autonomía? Y aunque de momento, no
hay evidencia de que los organoides posean conciencia, el hecho de que puedan
producir patrones neuronales complejos abre debate acerca de ¿y si sucediera en
un futuro?
Durante un retiro internacional realizado en Tubinga
(Alemania) [1], investigadores
de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos analizaron precisamente este dilema:
si los organoides cerebrales humanos llegaran a desarrollar conciencia, ¿qué obligaciones
morales tendríamos hacia ellos? ¿Seguirían siendo objetos de experimentación o sujetos
dignos de protección moral?
Algunos expertos sostienen que la conciencia por sí sola
no es suficiente para determinar el estatus moral. Otros, como McKeown [2],
sostienen que cultivar organoides con el objetivo de estudiarlo sería
éticamente inaceptable, ya que aumentaría el riesgo de causarles sufrimiento. Esto
plantea un dilema: ya que por un lado, no es moralmente aceptable investigar acerca de aspectos como la
conciencia. Pero, por otro lado, sin dichas investigaciones, podríamos causarles sufrimiento sin saberlo.
Consentimiento informado de los donantes de
células
Figura 1. Consentimiento informado [6]
Otro tema clave es el consentimiento de los donantes de células para generar estas entidades biológicas. Cuando alguien dona tejido para su uso en investigación, ¿consienten su uso para la generación de organoides?, o ¿para el desarrollo de modelos de enfermedades o terapias? Éticamente, el consentimiento informado es la máxima expresión de respeto a la autonomía individual. Sin embargo, surgen dos problemas. Por una parte, a los donantes les puede llegar a ser complicado entender las aplicaciones y usos para los cuáles consienten utilizar las células. Por otra, los rápidos avances científicos hacen que sea difícil anticipar todos los posibles usos de las muestras, lo que cuestiona la validez del consentimiento inicial [3].
Organoides cerebrales y
gonadales
Los organoides cerebrales generan
un intenso debate ético porque son estructuras neuronales humanas que podrían
llegar a desarrollar consciencia, sensibilidad o capacidades cognitivas. Si en
el futuro se demostrara que pueden sentir dolor o tener experiencias, deberían
considerarse entidades con cierto estatus moral. En cuanto a los organoides
testiculares y ováricos ofrecen un enorme potencial para estudiar la biología
reproductiva, la infertilidad y la toxicología. No obstante, su posible uso con
fines reproductivos plantea serias preocupaciones éticas. Solo podría
considerarse aceptable si el donante otorgó un consentimiento informado
específico para ese fin, y aun así requeriría supervisión regulatoria estricta [3].
Embrioides y complejos
multiorganoides: ¿dónde trazamos la línea?
Los embrioides plantean debates
éticos sobre clonación y el estatus moral del embrión. A medida que los
embrioides se asemejan más a embriones reales, se vuelve más urgente establecer
límites legales y éticos. La mayoría de los países mantiene el límite de los 14
días de desarrollo y también prohíbe su implantación en úteros humanos o
animales. Aunque
lugares como Países Bajos han reconsiderado revisar la definición de embrión,
levantar la prohibición sobre la creación de embrioides para la investigación y ampliar el límite de los 14 a 28 días [4].
Los complejos multiorganoides
generan también preocupación en la sociedad, ya que, cuanto mayor sea la integración
funcional entre ellos, mayores serán las preocupaciones éticas sobre la
creación de entidades biológicas con características cada vez más humanizadas.
Si estos complejos llegaran a mostrar comportamientos autónomos, se requeriría establecer
normativas específicas para su uso bajo principios similares a los de la
experimentación con animales.
Trasplante de organoides
Uno de los objetivos más
ambiciosos de utilizar la tecnología de organoides es cultivar órganos o
tejidos funcionales para trasplantes humanos. En teoría, podrían cultivarse a
partir de las propias células del paciente, evitando el rechazo inmunológico.
Pero antes de todo ello, se necesitan realizar pruebas preclínicas exhaustivas
y procesos de consentimiento, y ser cuidadosos especialmente en el caso de, por
ejemplo, pacientes vulnerables que podrían confundir la investigación con una
terapia garantizada [3].
Figura 3. Imagen simbólica de transplantes de órganos que se pueden realizar en la actualidad [8].
Comercialización de organoides
¿Se pueden vender o patentar
estructuras biológicas derivadas del cuerpo humano? En Europa, con ello no se pueden generar beneficios económicos, pero esto varía entre países. Mientras que algunos argumentan que permitir su comercialización
puede ser beneficioso para la financiación de la investigación, otros advierten
de que podría poner en riesgo los derechos de los donantes. No obstante, las
patentes podrían elevar los costes de los tratamientos y limitar el
acceso equitativo, como ocurre con muchos de los medicamentos de hoy en día. Además, estas terapias derivadas de organoides son de alto coste, lo cual puede causar desigualdad en el
acceso a tratamientos médicos avanzados [3].
Problemas de mal uso y doble
uso de los organoides
Una de las mayores preocupaciones acerca de este tema es la posibilidad de que los organoides sean utilizados en el futuro
con fines perjudiciales, como para el desarrollo de armas biológicas. Por ejemplo, si se manipularan los sistemas que controlan el cultivo de organoides, podrían generase organoides que secretaran sustancias nocivas [5]. Por ello, es imprescindible establecer regulaciones
sólidas que prevengan su uso indebido y eviten riesgos asociados al doble uso
de esta tecnología.
Biobancos de organoides
Los biobancos de organoides
almacenan tejidos vivos y mini-órganos que pueden utilizarse tanto en
investigación como en clínica. Sin embargo, plantean desafíos éticos y legales
sobre la propiedad, el control de los donantes y la gestión del consentimiento
(Boers et al.,
2016) [2]. Actualmente, no existen normas universales claras sobre los derechos
de los donantes ni la organización de estos biobancos. Se han propuesto como en
los biobancos de órganos, distintos tipos de consentimiento (general, amplio,
escalonado o continuo), y debe existir la opción de permitir a los donantes de oponerse
ciertos usos, como los comerciales.
Figura 4. Esquema artístico del proceso de desarrollo de organoides y predicción de respuestas [9].
Con todo esto dicho, el
desarrollo de organoides supone uno de los avances más prometedores de la
biomedicina contemporánea, pero también plantea desafíos éticos y regulatorios
que aún no tienen respuesta definitiva. Ante la ausencia de marcos normativos
específicos, en un futuro próximo va a ser necesario adaptar las leyes
existentes a este nuevo ámbito. Asimismo, la divulgación, la participación
pública y la comunicación transparente con la sociedad serán claves para poder
avanzar.
Hoy para concluir, os dejamos un
posible caso ficticio para que debatáis:
Contexto:
Un biobanco ha recibido tejidos de donantes que aceptaron la creación de
organoides con fines de investigación científica. Una empresa farmacéutica
solicita acceder a estos organoides para desarrollar un nuevo fármaco con
potencial comercial. Algunos donantes expresaron previamente que no querían que
sus tejidos se usaran con fines comerciales, aunque permitieron investigación
académica. El comité del biobanco debe decidir si permite a la empresa usar los
organoides. El uso podría acelerar el desarrollo de tratamientos importantes,
pero también violaría las preferencias expresadas por algunos donantes.
Preguntas:
1. ¿Qué debería tener prioridad: el respeto de la
voluntad de los donantes o el potencial beneficio social de la investigación?
2.
¿De qué forma podría el biobanco asegurar que los deseos
de los donantes sean respetados?
3.
¿Debería considerarse algún tipo de compensación
o reconocimiento para los donantes cuando sus organoides se usan con fines
comerciales?
Os leemos en los comentarios!!
Bibliografía:
[1] Pichl A,
Ranisch R, Altinok OA, Antonakaki M, Barnhart AJ, Bassil K, et al.
Ethical, legal and social aspects of human cerebral organoids and their
governance in Germany, the United Kingdom and the United States.
pmc.ncbi.nlm.nih.gov [Internet]. 13 de noviembre de 2023; Disponible en: https://doi.org/10.3389/fcell.2023.1194706
[2] McKeown A. Cerebral Organoid Research Ethics and Pinning the Tail on the Donkey. Cambridge Quarterly Of Healthcare Ethics [Internet]. 10 de mayo de 2023;32(4):542-54. Disponible en: https://doi.org/10.1017/s0963180123000221
[3] Mollaki
V. Ethical Challenges in Organoid Use. BioTech [Internet]. 28 de junio de
2021;10(3):12. Disponible en: https://doi.org/10.3390/biotech10030012
[4]
Imágenes:
[6] Dra.Herraiz: médico y paciente. Consentimiento informado: ¿Lo lees o lo firmas? [Internet]. Dra. Herraiz: Médico y Paciente. 2014. Disponible en: https://draherraizmedicoypaciente.com/2014/10/19/consentimiento-informado-lo-lees-o-lo-firmas/
[7] Carha. Fecundación in vitro: qué es y cómo se realiza [Internet]. Carha. 2023. Disponible en: https://www.carha.es/fiv-que-es-y-como-se-realiza/
[8]
Me ha parecido muy interesante el caso final. Yo creo que el beneficio social debería pesar más, porque si un fármaco puede salvar vidas, sería una pena frenar su desarrollo. Aunque entiendo que ignorar la voluntad de los donantes también va en contra de sus derechos. ¿No sería posible establecer un sistema mixto en el que se usen solo los organoides de las personas que permiten el uso comercial?
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario! La idea de un sistema mixto es buena, de hecho, varios biobancos internacionales ya aplican modelos de consentimiento estratificado (que es un consentimiento informado en el que el donante puede elegir entre diferentes niveles o tipos de uso permitidos para sus muestras biológicas) para evitar justo este problema. Pero la desventaja es que puede reducir la cantidad de muestras disponibles para ciertos estudios, pudiendo afectar a la calidad de los resultados. Pero aun así, al final, hay que priorizar lo que decida el donante ya que sino, a largo plazo mucha gente dejaría de donar, y eso tendría peores consecuencias.
EliminarEn teoría todo suena controlado, pero sobre lo que comentáis del doble uso, ¿qué impide que un laboratorio manipule organoides para fines peligrosos sin que nadie se entere?
ResponderEliminarHola! Es una cuestión muy válida porque el riesgo de doble uso es una posibilidad muy real que al final depende menos de la tecnología y más de quién la maneja. Aunque hoy en día los organoides se desarrollan bajo estrictas normas de bioseguridad, siempre puede existir alguien que se aproveche de los vacíos regulatorios o lo vaya a hacer a escondidas. Por eso, lo importante es tener sistemas que hagan que cualquier mal uso sea complicado y fácil de detectar, como saber de dónde vienen las muestras o establecer una legislación clara entre países.
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